BLOG PERIODÍSTICO Y CULTURAL CENTRADO, FUNDAMENTALMENTE, EN LA PUBLICACIÓN DE ARTÍCULOS DE OPINIÓN SOBRE TEMAS DE ACTUALIDAD ELABORADOS POR MARIA PEREZ UBIERA.

jueves, 2 de abril de 2009

VIVIR EN CUACOS

PRESENTACIÓN DE LA SECCIÓN

Circunstancialmente, y sin que estuviera en mi ánimo, me he visto avocada a estar aquí, en el pueblo de mi padre, el pueblo en el que se crió mi cuerpo, pero no mi alma.

Mi alma siempre ha estado volando lejos de aquí, y ansío que mi cuerpo le haga pronto compañía.

Mientras tanto, me creo en el derecho de opinar y comentar lo que aquí sucede, al fin y al cabo y lo sufro y/o lo disfruto, al menos que me quede un margen de desahogo, aunque sólo sea verbal.

DIVAGACIONES

Viernes 7 marzo 2008

Hoy no tengo nada especial sobre lo que me apetezca escribir. Demasiados días sin hacerlo. Demasiados temas que surgieron,y que tuvieron una forma esquemática, casi real. Pero no fueron a más. Se esfumaron.

Primero quise hablar del suicidio, el eterno tema...después quise retomar aquello de" EL Debate", más que nada porque el segundo, aquél que se celebró justo una semana después que "el primero", suscitó en mi algo más de interés. Tampoco mucho, la verdad, pero oí un trozo del mismo, de fondo, tan sólo. Andaba enredada en otros asuntos. Meditando, tal vez, sobre el cómo y el por qué de la existencia humana. O no. Quién sabe, a estas alturas ya...
La cosa es que, por una u otra razón, ni hablé del suicidio, ni del debate, ni tan siquiera de Ana Obregón: ese extraño especimen humano... Volveré sobre el tema, porque hoy, tampoco toca. Hoy, por lo que veo, toca todo y a la vez no toca nada. Bueno, algo sí, toca divagar, VAGAR POR EL PENSAMIENTO, en resumen. Lo que viene a ser algo así como no hacer nada, sin dejar de hacer algo, normalmente de poca utilidad, pero "algo", al fin y al cabo.

DE ORTIZ A "BORBONA"

Jueves 17 julio 2008

...Con Leticia, en cambio, me pasó algo bastante distinto a lo que me sucedió con Aznar. Si aquel nunca me gustó, como supongo que dejé claro en uno de mis artículos anteriores, ésta, en cambio, al principio, sí me gustaba. No sé porqué, pero me gustaba. No es que la conociera demasiado, tan sólo la había visto de pasada en alguno de los programas informativos que solía presentar, y alguna vez comenté que era una chica muy guapa, con un solo defecto: su nariz estaba torcida.

¡Vaya! Cuando dejó el púlpito del Telediario 2, y comenzó a ser enfocada por otras cámaras, me di cuenta que ese efecto óptico lo producía algún fallo técnico de "la tele de todos", pues la nariz de Leticia, de frente, era totalmente recta. Sin embargo, las narices de todos aquellos/as que se sentaban en el sillón que ella dejó vacante, aparecían extrañamente "desviadas", lo que confirmaba mi teoría del fallo técnico, que, por cierto, ya parece estar solucionado.

He de reconocer que el tema, después de la "inexistente" rinoplastia de la "Princesa", podría darme mucho juego en este artículo. Sin embargo, voy a dejarlo para otro día, porque quiero seguir con la línea argumental que me sirvió de punto de partida: Leticia, al principio, me gustó. "Demasiada mujer para tan poco hombre", pensé. Hoy en cambio, creo que esa primera impresión fue equivocada, por lo que confirmo que no siempre la primeras (impresiones) son las buenas...
CONTINUARÁ.


viernes, 23 de enero de 2009

"EL JOROBADO DE NOTRE DAME", Víctor Hugo.

ACERCAMIENTO A UN CLÁSICO:

Hace un par de días terminé de leer "El Jorobado" (sí, "el de Notre Dame", de Víctor Hugo), y todavía sigo afligida, pese al tiempo transcurrido.

Empecé a adivinar el desenlace varios capítulos antes del final. Aún así, mantuve la esperanza de que todo virase en otra dirección, deseé que no se produjera un final tan triste como el que veía venir, un final duro, cruel, tan cruel como la propia vida, supongo.

En otras etapas de la mía(de mi vida, aclaro), me gustaban las historias con finales impactantes y desgarradores. Demasiada pastelosidad y alegría sobrevenida forzosamente, me "producían urticaria". Hoy, en cambio, no rechazo de plano esos finales encajados con calzador, en los que todo se resuelve satisfactoriamente, sin tener en cuenta la coherencia y el desarrollo lógico de la historia. Como digo, no sólo no los rechazo, sino que en ocasiones, agradezco encontrar alguno.

Normalmente es el propio entramado, la propia historia, la que se convierte en acreedora de sus derroteros. Pero, en el caso del Jorobado, debido a las múltiples adaptaciones, versiones, interpretaciones y reinterpretaciones que se han hecho de esta obra, en todos los campos artísticos, la esencia de la misma ha sido desvirtuada, es más, me atrevería a decir que se ha diluido, evaporado, incluso.

Esta novela ha estado en las estanterías de mi casa desde siempre, sin embargo nunca me había decidido a leerla, ya que, consecuencia de tanta adaptación dulcificada e idealizada, había germinado en mi la idea de que se trataba de una lectura poco apetecible y demasiado trasnochada.

Sin embargo, hace un par de semanas decidí que había llegado el momento de descubrir lo que realmente se ocultaba detrás de esa portada minimalista y tricromática. Comencé así una aventura literaria insospechada.

Desde las primeras páginas percibí que no se trataba de una historieta meliflua y romanticona, y menos aún infantil, como había apuntado algún ignorante prejuicioso, que no tenía mayor conocimiento de Víctor Hugo y de su obra, que el remoto parecido que pueda encontrarse en la versión comercial y animada que estuvo en las carteleras hace un par de años, aproximadamente.

Y creo que es, precisamente, esta insoportable costumbre de hacer reinterpretaciones edulcoradas y ñoñas, de este maravilloso clásico, lo que ha llevado a mucha gente, como me sucedió a mi, a rechazar un acercamiento a la verdadera obra del maestro francés y, peor aún, lo que ha provocado que mi acercamiento a la misma haya sido tan impactante y desgarrador, ya que, hasta el último párrafo estuve esperando un atisbo de humanidad por parte de alguno de los personajes e la historia, un ápice de bondad, de piedad... Que no llegaron. Y eso me rompió los esquemas, me hirió el alma, me hizo sentir un profundo dolor, provocado por la impotencia y por la rabia de no poder hacer nada para cambiar ese final, para poder ayudar a esos personajes tan desvalidos, a eso inocentes tan injustamente vilipendiados, por no poder hacer nada para mitigar su dolor.

De modo que, al terminar el libro, al pasar la última página, y cerrarlo, me quedé con la extraña sensación de que aquellos personajes merecían un final más grato, un desenlace más feliz, más justo, más alejado de la maldita crudeza que acompaña a la vida real, aunque fuese a una hipotética vida real del siglo XV.

M.P.Ubiera
19 nov.2008